No solo sirven para lacerar a Enrique Iglesias o de regalo para tu sobrino. Ahora van a todo gas en competiciones como auténticos coches de Fórmula 1

Mi dron corre más que el tuyo

Cual cuádrigas del siglo XXI, los drones ya no sirven solo para grabar imágenes espectaculares o incordiar a los vecinos. Ahora también participan en carreras en las que alcanzan hasta 100 kilómetros por hora volando a una altura de entre 5 y 10 metros. Estos aparatos compiten entre sí en las llamadas carreras FPV (First person view, visión en primera persona). Las máquinas no funcionan de manera autónoma: son controladas con mandos de radiocontrol a distancia por pilotos que llevan unas gafas especiales, similares a las de realidad virtual, con las que siguen en directo las imágenes registradas por una cámara montada en el aparato.

 

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En el último año, esta disciplina ha pasado de ser un simple hobby a alcanzar la denominación de deporte con competición oficial. Al menos en EE UU, donde se ha fundado la International Drone Racing Association [Asociación Internacional de Carreras de Drones], que ya cuenta con más de medio millar de pilotos registrados. Esta organización ha creado una serie de normas, y su sello aporta oficialidad a cualquier competición que se celebre en suelo norteamericano. En su web hay incluso un ranking de pilotos, según sus resultados en las distintas pruebas.

En YouTube existen multitud de vídeos de FPV. Viéndolos se tiene la misma sensación que al disfrutar de la escena de las motos de El retorno del Jedi, o la famosa carrera de vainas de La amenaza fantasma; los artilugios compiten entre sí y deben hacer complicados giros, evitar árboles, entrar por cañerías o por el centro de una pared a través de un angosto agujero.

El campo de fútbol: el nuevo hábitat de los drones.

El campo de fútbol: el nuevo hábitat de los drones.

Richard Vinuesa, cofundador de ERSA (European Rotor Sports Association) y director técnico de la feria Expodrónica, que se celebrará en Zaragoza en septiembre, fue el promotor de una de las primeras competiciones celebradas en nuestro país. El año pasado, 14 pilotos compitieron en una exhibición con un trazado de 300 metros en el que tenían que dar tres vueltas. Ahora trabaja para organizar el Open Internacional que se disputará en Madrid los próximos 2 y 3 de julio, la primera competición oficial de nuestro país. Servirá para “clasificar a pilotos para un evento en Hawai y predeterminará también una clasificación directa a una final europea que tendrá lugar en España”. Pero el gran año de esta disciplina puede ser el que viene ya que, como apunta Vinuesa, “se está trabajando para que en 2017 se instauren las bases oficiales para campeonatos regionales y nacionales”.

El empresario explica que los premios en las competiciones de FPV “suelen ser dinero en metálico y obsequios de los patrocinadores. Las cantidades pueden alcanzar los 250.000 dólares para el ganador, como en el Grand Prix de Dubái“. Esta prueba, que se celebró a mediados de marzo, reunió a 300 pilotos y se convirtió en el evento más importante en la historia de este incipiente deporte. Al menos en lo económico, ya que se repartió un millón de dólares en premios.

Drones en la parrilla de salida.

Drones en la parrilla de salida.

Uno de los pilotos que compitió en este certamen fue Daniel Pachón (Dani Pacha es su alias de competición), ganador de la prueba celebrada en Expodrónica el año pasado. Tras once años como aeromodelista, este extremeño de 28 años conoció el año pasado el mundo de las carreras FPV a través de YouTube. “Suele haber golpes entre los drones o contra los elementos del trazado. Al igual que en la Fórmula 1, cada circuito tiene su diseño único”, explica.

Un descampado puede servir para competir. También una fábrica abandonada. O el cauce de un río. Pacha aclara que solo hay una limitación: “Lo más correcto es que no vuelen más de ocho naves, para evitar interferencias en el radiocontrol. Hay que tener en cuenta que, a más de un kilómetro de distancia, pierdes la conexión con el aparato”. “Para una carrera no se suele llevar un equipo, pero en la competición de Dubái los organizadores permitieron que cada piloto llevase a su técnico, el único que puede tocar el aparato una vez haya echado a volar”, apunta Pacha. Parece que el deporte en el que se mira la FPV es la Fórmula 1, incluso en el repostaje o en la sustitución de ruedas. “En Dubái nos obligan a realizar un cambio de batería en medio de la competición”, asegura el piloto.

El dron de estadio: único en su especie.

El dron de estadio: único en su especie.

De momento, la FPV en España es un hobby avanzado que dista de la incipiente profesionalización que se vive en EE UU. Para Richard Vinuesa, “la salida del amateurismo se logrará el año que viene. Y puede que entonces dé pasos para convertirse en algo parecido a la Fórmula 1″. Hasta entonces, si veis un grupo de chavales con gafas parecidas a las de realidad virtual moviendo un mando como locos mientras una jauría de máquinas los sobrevuela, no os asustéis: están practicando un deporte.